Sucedió que...
Micro conversación.
Sucedió que, sin buscarlo, dos almas se encontraron. Lo hicieron sin hacer ruido, sin anunciarse. Llegaron como si algo más grande que ellas ya supiera donde tenían que ir con una perfecta sincronicidad, y solo esperara el momento exacto.
Una venía de andar mucho hacia adentro. De reconstruirse en silencio. De despojarse de todo lo que ya no era suyo. Una viajera de paisajes internos con los ojos con mas preguntas que respuestas, que caminaba hacia una nueva versión. Se estaba deshaciendo de viejos miedos preparada para abrazar lo desconocido.
La otra no traía promesas ni prisas. Era presencia. Tenía una mirada observadora y silenciosa que no exigía, que no necesitaba entender para quedarse. Venía con la calma de quien ha aprendido a no interrumpir los procesos ajenos, y con la sabiduría de saber mirar sin invadir. Capaz de ver más allá de lo inmediato Con esa serenidad de haber recorrido mundos, entendiendo que el viaje de cada alma es único, pero con la seguridad de que todo se conecta.
Ella lo miró. No con los ojos, sino con esa plenitud de reconocer que ya estaba en casa. Y sintió esa vibración donde todo se alineaba.
Él admiró esa metamorfosis con la necesidad de abrazarla sin tratar de entenderla. Y sintió esa vibración donde todo se alineaba.
No se encontraron para completarse. A su manera, ambos ya venían completos. Pero sí para reconocer algo que se parecía mucho a la belleza de coincidir sin apuro. Una especie de acuerdo silencioso, donde nadie tiene que cambiar para merecer quedarse. Sabían que sus caminos se cruzaban para dar lugar a algo nuevo, algo que no se puede explicar. Sincronizando esos ritmos que ya eran parte de un todo mucho mas grande y que no podían describir con limitaciones humanas.
Ella no necesitaba que la salvaran, ni que la guiaran. Sabía que necesitaba descubrir su propia verdad. Solo necesitaba espacio. Y él lo supo desde el principio. Supo acompañarla sin tocarla, mirarla sin intervenir, celebrar sin poseerla.
No era un vínculo que dependiera de lo tangible, porque esto no iba sólo de eso. Iba del tránsito. De saberse parte del camino del otro sin perder el propio. De darse testimonio sin juicio. De ser reflejo sin necesidad de ser espejo.
Y ahí, en ese punto tan exacto como invisible, algo se tejió.
Fueron creando silencios compartidos y se amaron libres. No necesitaron hacerse preguntas para darle sentido. No hubo promesas, ni finales que se puedan anticipar. Escribieron las primeras líneas de un diario común que aún estaba por descubrir.
En presencia de él, algo en ella se serenaba. Él no necesitaba etiquetas, uno no modelaba al otro. Todo radicaba en la comprensión de que ambos eran completos por si mismos, coexistiendo...sin interferencias. La danza de dos energías que no luchan por detenerse.
Las almas no necesitan de muchas explicaciones, se reconocen, se acompañan y se permiten. Se encontraron cuando cada uno de ellos llegó a su propio cruce de caminos, exactamente, en el tiempo justo. Ahí sintieron espontáneamente el gozo de saber que la presencia del otro era suficiente como para permitir que todo se expandiera con la suavidad de un amanecer.
Ahora son la pureza de dos almas que caminan juntas. Son dos exploradoras que se cuidan los miedos porque saben lo mucho que les queda por andar. Con la certeza de que acaban de crear un mundo nuevo que habitar y sabiendo que la una mira a la otra como se lee un poema. Y con eso, basta.
Porque a veces eso es todo lo que una alma necesita: ser mirada sin juicios en mitad de su transformación.


.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué opinas?