Serendipias con café
Micro conversación.
La vida tiene formas muy peculiares de guiarnos, de hacernos tropezar con situaciones o personas que, al principio, parecen simplemente cosa del azar. Pero luego, cuando nos detenemos a pensarlo, podemos darnos cuenta de que el hilo invisible que conecta esos momentos no es tan aleatorio como parece. Que en ese caos tan perfectamente orquestado, está trabajando la serendipia: haciendo de esos pequeños milagros disfrazados de casualidades unas señales que te golpean la cara cuando menos las esperas.
Es curioso cómo algo tan pequeño puede cambiar la dirección de tu día, o incluso de tu vida. Como ese café improvisado que decidí tomar en una cafetería random un día cualquiera de Enero, porque el horario me lo permitía y la vida me empujaba a ir allí, sin ninguna razón aparente. Me senté y ahí estaba él. Un hombre que, hasta ese momento, no existía en mi radar. Pero ese día, el café y unas pocas ganas de conversar decidieron que íbamos a cruzarnos algunas veces más. Hablamos de todo un poco, sin importancia real, pero con una fluidez que nunca creí que existiera entre dos desconocidos. ¿Serendipia? Puede ser.
Esos encuentros que parecen accidentes, son como destellos. Aparecen, iluminan un rincón oscuro de nuestra rutina y se desvanecen antes de que podamos entender su verdadero propósito. El hecho de que todo se haya alineado para que dos caminos se crucen, sin que ninguna de las partes lo planee, tiene algo mágico. Lo bueno es que siempre queda algo: una reflexión, una sensación de que las piezas del rompecabezas, aunque dispersas, de alguna manera encajan.
Para mí, tiene mucho que ver con esas pequeñas decisiones que tomamos sin pensar. A veces, la maquinaria del destino parece ponerse en marcha sólo cuando nos relajamos y dejamos que las cosas fluyan. Es como cuando, de repente, encuentras ese libro en una estantería olvidada, un libro que necesitabas sin saberlo. O esa canción que pone en palabras justo lo que estás sintiendo. Son esos momentos en los que sientes que el universo te está guiando de una manera que no comprendes completamente, pero que, de alguna manera, le da sentido.
Nunca sabes cuándo va a aparecer. Está ahí, al acecho, esperando que el caos de tu vida cotidiana se acomode en el momento exacto para que algo inesperado ocurra. Es encontrar una respuesta a una pregunta que no sabías que tenías. Sin embargo, es tan fácil ignorarla. Nos encasillamos en nuestros propios planes, en nuestras rutinas bien establecidas. Pero esos pequeños milagros ocurren, vaya si ocurren. Es un flash que ilumina todo, aunque sea por un segundo, dejándote con la sensación de que todo tiene un propósito más grande, aunque no lo veamos.
Mi vida no siempre es perfecta ni predecible, ni mucho menos. Pero en esos momentos en los que, sin quererlo, las cosas empiezan a encajar, algo dentro de mí se relaja. Hay algo reconfortante en saber que, aunque a veces todo parezca un caos, tiene un propósito, aunque sea pequeño y casi imperceptible. Quizás esa es la verdadera esencia de la serendipia: confiar en que las cosas suceden cuando tienen que suceder, y aprender a estar presente cuando lo hacen. Esos momentos inesperados, esas conexiones fortuitas, nos enseñan a estar más atentos, más abiertos a lo que nos rodea. Son recordatorios de que, aunque no siempre tenemos el control, la vida tiene una forma de hablarnos y una manera de llevarnos exactamente a donde necesitamos estar.
No es una cuestión de azar. En medio de la rutina, descubrimos algo que nos deja sin palabras...casi sin aire. La magia está en los detalles, en las pequeñas casualidades, en las cosas que se nos cruzan por el camino sin aviso.
Déjate llevar un poco más, y confía en que lo que parece un accidente es solo una parte de un plan que aún no entendemos. Al fin y al cabo, las mejores sorpresas de la vida suelen llegar cuando no estamos buscando nada en particular. Eso, querido lector, es la magia de la serendipia.
![]() |
| Mey Segura |


.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué opinas?