Un día a la vez

Micro conversación.


Últimamente, siento que todo empieza a tener sentido. Como si piezas sueltas de un rompecabezas finalmente encajaran, revelando un patrón que siempre estuvo ahí, pero que yo no veía. 

Es un proceso hermoso, pero también extraño.

Hay días en los que me siento liviana, en paz, casi flotando...y otros en los que mi cabeza está tan saturada que me pesa como si cargara un yunque invisible.

No puedo evitar cierta incomodidad. Supongo que es parte del proceso. Crecer duele, dicen. Y aunque no es un dolor físico, si hay una especie de cansancio que se instala en el cuerpo, como si mi energía estuviera repartida entre demasiadas dimensiones al mismo tiempo. Es difícil explicarlo.

A veces siento que pierdo mi conexión con la tierra.

Como si estuviera mirando un abismo inmenso delante de mí. No me asusta, de hecho, quiero explorarlo, pero también sé que necesito un ancla para no perderme en él. Me doy cuenta de que en mi búsqueda de respuestas, de sentido, de expansión, a veces olvido lo mas básico: estoy aquí, en este cuerpo, en este momento. Y eso también importa.

Quizás la clave sea volver a lo simple. Caminar descalza, sentir el sol en la piel, fabricar algo con mis propias manos...No sé, tal vez no se trata de encontrar todas las respuestas de golpe, si no de permitirme vivir...un día a la vez.

La paradoja es que, cuanto más busco la paz, mas me doy cuenta de que debo dejar de buscarla. Cuanto más quiero entender, más me doy cuenta de que la comprensión no viene con esfuerzo, sino con aceptación.
Es un extraño equilibrio entre avanzar y quedarme quieta, entre explorar y estar presente. Es como si la única manera de encontrar algo es dejar de intentar encontrarlo.

La verdad es que no tengo todas las respuestas.
Nadie las tiene. Pero en ese ir y venir entre lo que exploro dentro de mi y lo que trato de tocar fuera, me doy cuenta de algo esencial: no tengo que forzarme a tenerlo todo claro de inmediato.

El camino espiritual no es una línea recta ni un destino fijo, es un proceso que va mutando, que crece con nosotros. Y, a veces, lo único que podemos hacer es respirar, estar estar presentes y confiar en que todo llegara cuando sea el momento adecuado.

Así que, por hoy, me dejo llevar. Estoy aprendiendo a soltar. a no aferrarme tanto al futuro ni preocuparme por el qué pasará.

Simplemente...un día a la vez.


Mey Segura







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